¿Qué se siente tener un trastorno mental?

Sé que los que no padecen un trastorno mental, no pueden medir la magnitud de lo que se siente vivir con depresión, tener crisis de ansiedad o las reacciones inestables de alguno de los diferentes tipos de trastornos de personalidad. De hecho para las personas que no han tenido complicaciones en su salud mental, comenzar un nuevo día es bastante común y no les implica esfuerzo. Sin embargo cuando padeces un trastorno mental, todo es distinto, escribo esto para intentar explicar:

¿Qué se siente tener un trastorno mental?

Cada día, hago mucho esfuerzo para ocultar mis sentimientos, mis pensamientos y emociones; las crisis de pánico y ansiedad, los episodios de depresión, los pensamientos obsesivos y toda la angustia que siento. Lo escondo bien, bastante bien.

Por la mañana, mi alarma suena a todo volumen y en repetidas ocasiones. No importa el día que sea, lucho para salir de la cama, paso cierto tiempo decidiendo si debo levantarme o no, si debo seguir o abandonar, si será un buen día o algo pasará, también muchas de las veces esto se debe a que la noche anterior el insomnio no me dejó dormir. Sé que esto puede sonar dramático para algunas personas, pero es un problema real. No es tan simple como «sólo levantarse de la cama».
Después de alistarme, me preparo, salgo y actúo «normal». Mi rostro es amable, sonrío y converso. Continúo con mis actividades y con mucho trabajo realizó las tareas para las que he salido.

Lo que nadie ve es que en realidad no logro sentir emoción por lo que hago, no tengo ninguna motivación en absoluto. Es como caminar en el espacio. Mi pecho se siente apretado y mi mente se siente vacía. Me siento como si ni siquiera supiera quién soy.
Me río con fuerza cuando probablemente no necesito hacerlo, soy demasiado entusiasta para que la gente piense que estoy bien. De hecho suelen pensar que mi vida es perfecta, maravillosa y que no tengo problema alguno. En realidad no ven que siento ganas de llorar a cada instante y que desearía mucho más estar en cama ignorando el mundo y mis responsabilidades. No ven que mi sonrisa es absolutamente forzada y que mis ojos están desenfocados por el cansancio y por la pérdida de sentido a la vida.

En ocasiones me siento de muy mal humor sólo porque ya me harté de eso. Ya me harté de actuar bien cuando por dentro estoy derrumbándome. Ya me harté de intentar participar, cuando siento que no encajo en ningún lugar. Es agotador, es frustrante, es desesperante, sólo siento cómo me quiebro rápidamente cuando estoy cerca de las personas que están a mi alrededor.

Quizá por eso prefiero la soledad, así no descubren lo que en realidad siento y cuántas veces me pasa por la mente, estallar de ira y recriminar cuando alguien me dice «lo único que tienes que hacer es empezar a pensar positivamente».

Hablando de qué se siente tener un trastorno mental, «pensar positivo», no precisamente funciona como para el grueso de las personas. No me siento maravillosamente mejor cuando alguien me dice: «¡sí se puede!», no es así como funciona la depresión, ni la ansiedad, ni los pensamientos obsesivos, ni las autolesiones, ni las ideas suicidas, ni nada de lo que puedo sentir debido a los síntomas del trastorno.
Así que simplemente, pretendo estar bien porque al menos así evito que las personas que no entienden las complicaciones de la inestabilidad emocional, se la pasen criticando o haciendo comentarios fuera de lugar. La gente no me ve el verdadero yo.

Todos ven el «yo que pretendo ser». El yo que sonríe cuando hablo, aunque por dentro no estoy sonriendo, en absoluto. El yo que esconde mi trastorno mental, cada día.

Así he pasado muchos días, con la complicación de tener un padecimiento de salud mental, me he dado cuenta que no es nada fácil, porque el estigma de los trastornos mentales es aún muy fuerte, existen muchos mitos y tabúes alrededor de ellos y es muy difícil que las personas que no lo padecen puedan siquiera imaginar lo que se siente. Este fue un pequeño reflejo para describir lo que se siente vivir con un trastorno mental.